La aparición de la imagen de Ntra. Sra. de los Clarines es una más de las manifestaciones de tipo mariano que durante los siglos XIII al XV se suceden enla Tierra Llana de Huelva, especialmente en el histórico Condado de Niebla.

 

Fray Felipe de Santiago es quien, en 1714, recoge por escrito la tradición legendaria de una narración que fue transmitiéndose de padres a hijos durante siglos. La misma nos describe la aparición dela Virgen de la siguiente forma:

           

             Por los años de 1300, pastoreando su ganado, Juan Bautista García, por los valles o tierras benedictinas, oía con gran melancolía tocar clarines, y movida su admiración, registraba de día el sitio donde le parecía los oía, y no veía cosa alguna,  hasta que en una ocasión, subiendo de grado la admiración de ver ser aquel el sitio donde sonaba tanta alegría, exclamó diciendo: “Válgamela Virgen Santa María”, y oyó que le decía: “Yo soy contigo Juan Bautista, acércate”. Y levantando la vista viola Sacratísima Imagen y adorándola con muchas lágrimas, decía: “Señora de dónde a mí tanta dicha”. Y hablándolela Señora dijo: “Anda y dile a todo el pueblo que me hagan aquí un templo, que seré amparo de esta tierra”, y replicó: “Señora, dirán que es mentira”. “Anda y toca en mí esa mano y te quedará sana y limpia”. Era manco de la mano derecha y tenía llaga que le cogía hasta el brazo, y llegando, con toda su dolencia y devoción, quedó sano. 

 

             Y esto fue por el mes de agosto de dicho año, y con este milagro entró por el lugar dando altas voces con abundancia de lágrimas, que con esto se conmovió todo el pueblo, y por ser conocido y atestiguado con el milagro de que todos dieron crédito, y adorando todosla Sacratísima Virgen María le dieron el título de Clarines, y esta Señora está sentada y tiene el Niño sentado al lado izquierdo sobre la ropa, y el Señor tiene un libro en la mano y esta Señora era la antigua de este mismo lugar, y fue hecha por un pastor llamado Juan, que era de santa vida, y en la total pérdida de España fue ocultada por los católicos, por más no poder, en parte tan pública como una higuera, y en tan largo tiempo nunca la vieron los sarracenos, y también dicen que nunca pudieron cometer en tal sitio barbaridad alguna, y con sus higos sentían alivio y remedio en sus enfermedades, y de aquí le llamaron el Árbol Santo y tenían puesta pena al que le cortaba o hacía algún daño.

 

 

            El esquema narrativo de la aparición de la imagen dela Virgen de los Clarines es muy común al de otras muchas apariciones marianas de la geografía peninsular. Primeramente, tiene lugar la aparición de la imagen sagrada y, con posterioridad, se persigue la justificación de la construcción de un templo como necesidad de proporcionarle una “casa” en el lugar donde ha sucedido la propia aparición.

 

            Es común que se produzca un primer momento de desconcierto en la persona que recibe el mensaje divino, que además suele ser de condición social humilde, pastor, el cual debe transmitir el mensaje recibido de la divinidad a las autoridades locales. El vidente suele vacilar, pues teme no ser creído. Por ello, se hace necesario una prueba de veracidad con la que el común de las personas puedan creerle, esa prueba será la sanación del brazo del pastor. De este modo el vidente se convierte no sólo en prueba de la autenticidad de lo narrado, sino también en prueba del carácter sagrado y milagroso de la imagen, al haberse curado.

            La noción de milagro en el relato, la sanación de la dolencia de Juan Bautista, opera además como factor de atracción hacia el lugar, de impulso a la devoción a la imagen de María en estas tierras. Tras la aparición dela Virgen , el pueblo se moviliza y acude al lugar, construye el templo para venerarla, tomando posesión de aquel lugar como sagrado. A veces, suceden, como en nuestro caso, conflictos entre dos comunidades por la apropiación de la imagen, así se tienen noticias históricas de la rivalidad entre los vecinos de Niebla y Beas por la propiedad de la imagen, al entender los iliplenses que la propiedad de la imagen era de aquella villa, argumentando para ello que, por aquel entonces, Beas era un lugar dentro de la jurisdicción de la villa de Niebla.

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