Al año siguiente el Nacimiento vuelve a instalarse en la misma casa, contando ya con la dirección artística del beasino Francisco Mateo Sayago Ramírez, auxiliado por Juan Antonio Borrero Fernández.

 

En la Navidad del año 1.972, la muestra se exhibe en una casa propiedad de Antonio Sayago Pérez y Benito Bando Sayago en la Calle Francisco Jiménez Hidalgo, nº 1.

 

En el año siguiente, el Belén Viviente, ya podemos llamarlo así, sufre una de sus grandes transformaciones, al cambiar su ubicación a un espacio notablemente mayor, el de la bodega propiedad de Antonia Cruzado en la Calle Cruz Verde nº 12, lugar donde permanece durante tres años.

 

Esta ubicación permitió el que las escenas tuviesen una mayor amplitud, abandonándose la concepción inicial de Nacimiento Viviente para ir ofreciendo las escenas, antes individualizadas, en un conjunto expositivo más integral, “que fuese reflejo más fiel de los nacimientos de las casas, en donde casi todo puede ser captado a un golpe de vista, pero al mismo tiempo se puede permitir el ir pasando por las escenas de un modo más cercano para alcanzar a contemplar mejor todos y cada uno de los detalles de las mismas”.

 

En su séptima edición, año 1.976, el Belén vuelve a cambiar de ubicación, instalándose en la bodega propiedad de los hermanos Ricarda y Bernardo Botello, sita en la calle Juan Ramón Jiménez, donde permanece hasta el año 1.983.

 

En esta ocasión, las mayores dimensiones del local, permite al Belén otro gran cambio en su estructura, se incorpora la propia almazara del local como escena y, sobre todo la posibilidad de ser visitado por un mayor número de personas, calculándose unas diez mil en este primer año.

 

En 1.983, la antigüedad de la Bodega y las fuertes lluvias de ese año, motivó que el responsable de la Junta de Gobierno de la Hermandad Nicolás Liroa Beltrán propusiese a su Junta y ésta aceptase el cierre de la muestra el día 30 de Diciembre.

 

La desilusión por el cierre prematuro no fue óbice para que la Hermandad se pusiese manos a la obra para conseguir un local adecuado a la historia y el papel que en la vida de Beas y de la propia Hermandad había adquirido el Belén Viviente.

 

El 26 de enero de 1.984, la Junta de Gobierno decide la venta de la casa Hermandad sita en la calle Pedro Díaz Gutiérrez y la compra de un solar en la calle Colón. En febrero se acepta el presupuesto de la empresa Hermanos Ramírez de Villalba del Alcor, por importe de un millón y medio de pesetas para la construcción de una nave en la que alojar el Belén y en diciembre de aquel mismo año, el Belén Viviente de Beas se abría al público en la que es su actual ubicación, con una superficie expositiva de 1.500 metros cuadrados, que en aquel año acogió a algo más de 15.000 visitantes.

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